Hay tareas que no nos quitamos de la cabeza, aunque tampoco terminemos de ponernos con ellas. Un correo que lleva días esperando respuesta, una gestión pendiente, un proyecto que nos ilusiona y que siempre empezará «cuando tenga un rato».
Mientras tanto hacemos otras cosas. Incluso cosas útiles. Terminamos el día cansados, con la sensación de no haber parado, y aquello sigue en el mismo lugar.
Es curioso: podemos dedicar mucho tiempo a pensar en algo y muy poco a hacerlo. Y cuanto más nos importa, más cuesta entender por qué lo estamos dejando para después.
Lo que dejamos pendiente también ocupa espacio
Podemos imaginar una maleta en mitad del pasillo. Está por deshacer, pero cada vez que pasamos junto a ella encontramos algo más urgente. Nos acostumbramos a rodearla. Incluso terminamos organizando nuestros movimientos alrededor de ese obstáculo que, en teoría, solo iba a estar ahí un momento.
Con algunas tareas pendientes ocurre algo parecido. Siguen presentes mientras hacemos otras cosas, acompañadas de un «debería estar con aquello» que tampoco nos deja disfrutar del todo de lo que estamos haciendo.
La procrastinación consiste en retrasar innecesariamente una acción que teníamos intención de realizar, aun previendo que esa demora puede perjudicarnos. No es lo mismo que descansar, cambiar de prioridades o no disponer del tiempo y los recursos necesarios. Desde fuera puede parecer la misma espera; por dentro, no siempre está ocurriendo lo mismo.
A veces posponemos algo más que la tarea
Empezar puede ponernos delante del aburrimiento, la incertidumbre o la posibilidad de equivocarnos. Dejarlo para luego puede dar un alivio inmediato: durante un rato, tampoco tenemos que encontrarnos con esas sensaciones.
El problema es que el asunto sigue pendiente. Y a lo que costaba al principio pueden añadirse la prisa y el reproche por no haber empezado antes.
Esto no explica todas las situaciones. El cansancio, una carga excesiva o unas circunstancias difíciles también importan. No todo atasco se entiende mirando únicamente la voluntad de quien lo está viviendo.
«Antonio, pero si sé perfectamente que tengo que hacerlo, ¿por qué sigo sin empezar?»
Saber que algo es importante y comprender qué nos está frenando son cosas distintas. ¿Qué hace tan difícil ese comienzo? ¿Qué cambia durante ese rato en el que decidimos dejarlo para después?
En consulta, analizamos juntos esta y otras cuestiones cuando posponer empieza a alejarnos de lo que queremos hacer y a ocupar demasiado espacio en nuestra vida. Como psicólogo en Granada, también en terapia online, mi trabajo consiste en entender contigo cómo funciona ese atasco y buscar posibilidades que encajen con tu situación.
Que lleves tiempo rodeando la misma maleta no significa que tenga que quedarse ahí para siempre. A veces, comprender qué está dificultando el movimiento permite que aparezcan otras formas de avanzar.
Si te reconoces en esta situación, puedes escribirme para hablar de lo que te está pasando y resolver dudas sobre la consulta.

