A veces nos quedamos pensando en una conversación que ya terminó. Repasamos lo que dijimos, lo que podríamos haber dicho y lo que habrá entendido la otra persona. Parece que, si le damos una vuelta más, por fin encontraremos una respuesta que nos deje tranquilos.

Pensar nos permite entender situaciones, aprender y tomar decisiones. Lo curioso es que también podemos pasarnos horas pensando en algo sin entenderlo mejor ni saber qué hacer con ello.

Imagina que tienes una madeja de lana con un nudo. Al principio buscas por dónde pasa cada hilo, pruebas a moverlo y aflojas un poco. Pero llega un momento en el que empiezas a tirar una y otra vez del mismo extremo. Estás haciendo un esfuerzo, desde luego. La cuestión es qué está ocurriendo con el nudo.

Con algunas preocupaciones nos pasa algo parecido.

Cuando pensar se convierte en dar vueltas

La rumiación es esa forma repetitiva de volver sobre el malestar, sus causas o sus consecuencias sin que aparezcan respuestas nuevas. Suele mirar hacia lo que ha ocurrido. La preocupación, en cambio, suele anticipar lo que podría pasar. En el día a día pueden mezclarse: repasamos un error de ayer y empezamos a imaginar lo que supondrá mañana.

No toda reflexión es rumiación. A veces necesitamos dedicar tiempo a algo importante. Pero cuando las mismas preguntas vuelven una y otra vez sin que nada cambie, pensar puede convertirse en otra parte del atasco.

«Antonio, pero si dejo de pensarlo, ¿cómo voy a solucionarlo?»

Es una duda comprensible. Especialmente cuando nos importa hacerlo bien o tememos equivocarnos. Si creemos que la tranquilidad llegará cuando lo hayamos entendido todo, siempre puede aparecer un detalle más que revisar, una posibilidad más que descartar.

Y mientras tanto, el asunto sigue ocupando espacio. En la cena, al acostarnos, en una conversación con alguien que tenemos delante mientras nosotros seguimos en la de ayer.

Entonces surge una pregunta: ¿estoy pensando para entender lo que ocurre o para conseguir una seguridad que nunca termina de llegar?

¿Estas vueltas me están acercando a una respuesta? ¿O me están dejando cada vez más enredado en la misma pregunta?

En consulta, analizamos juntos esta y otras cuestiones cuando pensar en lo que nos preocupa empieza a ocupar más espacio que vivir lo que nos importa. Como psicólogo en Granada, y también en terapia online, mi trabajo consiste en entender contigo cómo se mantiene ese atasco y buscar maneras de avanzar que encajen con tu situación.

Que el nudo lleve tiempo ahí no significa que no pueda aflojarse. A veces, mirarlo juntos permite encontrar posibilidades que a solas cuesta ver.

Si te reconoces en estas vueltas, puedes escribirme y hablamos de lo que te está pasando.

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