A veces una discusión empieza por los platos, por un mensaje sin contestar o por un cambio de planes. Pero, unos minutos después, ya no estamos hablando de eso. Aparecen otras conversaciones, cosas que quedaron pendientes y una sensación conocida: «otra vez estamos aquí».
Lo curioso es que puede cambiar el tema y mantenerse la misma discusión. Uno siente que tiene que insistir para que le escuchen. El otro siente que necesita alejarse porque cualquier respuesta parece empeorar las cosas. Y ambos terminan pensando que, si la otra persona actuara de otra manera, podrían entenderse.
Cambia el tema, se repite el atasco
Podemos imaginarnos dos radios intentando comunicarse en frecuencias distintas. Una recibe interferencias y sube el volumen. La otra escucha cada vez más ruido y lo baja. Desde cada lado, lo que está haciendo parece tener sentido. Sin embargo, subir y bajar el volumen no hace que las frecuencias coincidan.
En algunas discusiones de pareja ocurre algo parecido. Cuanto menos escuchado se siente uno, más insiste. Cuanto más presionado se siente el otro, más se cierra. Ese silencio puede vivirse como desinterés, y la insistencia como un ataque. Así, lo que cada persona hace para intentar salir de la discusión acaba alimentando la siguiente vuelta.
No es la única forma de atascarse. Hay parejas en las que ambos elevan el tono y otras en las que lo difícil queda sin hablar. Tampoco significa que los motivos de la discusión sean poco importantes: un reparto injusto de las tareas, por ejemplo, necesita ser tomado en serio. Importa lo que ocurre y también qué pasa entre vosotros cuando intentáis hablar de ello.
«Pero yo ya se lo he explicado muchas veces…»
Repetir una explicación puede parecer la mejor opción cuando sentimos que no nos han entendido. Pero haber dicho algo muchas veces y haber conseguido que el otro comprenda lo que significa para nosotros son cosas distintas.
Detrás de una misma frase puede haber enfado, cansancio, miedo a no importar o necesidad de que algo cambie. Y escucharla puede despertar algo diferente en quien la recibe. Cada pareja tiene su historia; una escena aislada no explica todo lo que está pasando.
«Antonio, todo eso está muy bien, pero nosotros acabamos siempre igual…»
Si cambia el motivo y se repite el final, aparece una pregunta: ¿qué está ocurriendo entre nosotros para volver una y otra vez al mismo lugar?
¿Lo que hacemos para que nos escuchen nos está acercando? ¿Qué queda sin entender después de tantas explicaciones?
En consulta, analizamos juntos esta y otras cuestiones cuando las discusiones de pareja empiezan a ocupar el espacio que antes tenía el encuentro. En terapia de pareja en Granada, y también online, trabajamos para comprender vuestra situación y buscar posibilidades que encajen con la relación que queréis construir.
Que una conversación haya terminado igual muchas veces no significa que tenga que seguir haciéndolo. A veces, encontrar un espacio donde entender lo que está pasando permite que aparezcan otros finales.
Si os reconocéis en estas discusiones, podéis escribirme para hablar de vuestra situación y resolver dudas sobre la consulta.

