Te piden un favor, te proponen un plan o dan por hecho que podrás encargarte de algo. Antes de terminar de pensar si te viene bien, ya has dicho que sí.

Después aparece el malestar. Tenías otras cosas que hacer, estás cansado o, sencillamente, no querías. Pero imaginar la conversación en la que te niegas parece todavía más incómodo.

Así que aceptas. Y quizá te enfadas con la otra persona por habértelo pedido, contigo por haber aceptado o con ambos a la vez.

Hacer sitio hasta quedarnos sin sitio

Podemos imaginar una mesa alrededor de la que vamos colocando sillas. Queremos que todo el mundo esté cómodo, así que movemos un poco la nuestra cada vez que alguien necesita espacio.

Al principio apenas se nota. Pero, después de varios movimientos, terminamos sentados en una esquina, sin sitio para apoyar los brazos. La mesa está llena y nosotros también estamos en ella, aunque cada vez participemos desde un lugar más incómodo.

En algunas relaciones puede ocurrir algo parecido. Vamos haciendo hueco a peticiones, preferencias y necesidades ajenas, mientras lo nuestro queda pendiente de que sobre espacio.

Ayudar puede ser algo que elegimos y disfrutamos. La dificultad aparece cuando aceptar parece la única respuesta posible, incluso cuando nos está costando demasiado.

Cuando un «no» parece decir mucho más

A veces nos cuesta rechazar una petición porque sentimos que con ella estamos rechazando a la persona. O imaginamos que negarnos significa ser egoístas, decepcionar o poner en peligro el vínculo.

La palabra es corta, pero lo que parece estar en juego resulta enorme.

La asertividad tiene que ver con expresar lo que pensamos y necesitamos respetando también a los demás. Eso no garantiza que la otra persona vaya a recibirlo como esperamos. Y nuestras posibilidades de responder también dependen de los compromisos, las circunstancias y la relación concreta.

Por eso, entender la dificultad para poner límites requiere algo más que encontrar una frase que suene firme.

«Antonio, pero aunque lo diga bien, después me sigo sintiendo culpable…»

Entonces aparece una pregunta: ¿qué creemos que estamos haciendo mal cuando tenemos en cuenta lo que necesitamos?

¿Qué significa para nosotros cuidar una relación? ¿Qué espacio queda para elegir cuando decir que no se vive como una amenaza a ese vínculo?

En consulta, analizamos juntos esta y otras cuestiones cuando complacer empieza a pesar más que el encuentro con los demás. Como psicólogo en Granada, también en terapia online, puedo acompañarte a comprender qué hace difícil poner límites en tu situación y buscar formas de relacionarte que encajen mejor contigo.

Quizá no se trate de dejar de hacer sitio a quienes quieres, sino de encontrar una forma de compartir la mesa en la que tú también puedas sentarte con comodidad.

Si te reconoces en esta situación, puedes escribirme para resolver dudas sobre la consulta o pedir una cita.

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