De un tiempo a esta parte, observo tres enfoques distintos de una misma situación.

“No me paro a disfrutar porque estoy completamente centrado en mis objetivos y rindiendo a un nivel que quiero mantener durante un tiempo para luego disfrutar cuando los haya alcanzado”.
“No avanzo hacia mis objetivos. Tengo una vida bonita, en la que hago buena parte de lo que me apetece, pero siento que estoy estancado”.
“Me da miedo cometer un error que me retrase en mis objetivos, así que no me salgo del camino y voy lento, analizando los posibles errores y asegurándome de no cometer ninguno de ellos”.

Cuando hablamos de camino, viaje y destino, podemos imaginarnos un viaje en coche. En cualquier viaje hay algunas variables entre las que elegir. Cuando escogemos una de ellas, casi inevitablemente renunciamos a otra.

“Para mí es importante llegar rápido”: tiene más probabilidades de tener un accidente o de que se le sobrecaliente el coche.
“Para mí es importante disfrutar del camino, descubrir rutas alternativas”: es más probable que se pierda por el camino y casi seguro que tarda más.
“Para mí lo más importante es viajar seguro”: se pierde algunas de las vistas por ir muy atento a la carretera y también tarda más.

Los tres pueden generar malestar o no hacerlo, dependiendo de cuán alineados estén con la forma de ser de la persona que los usa. Y es que cualquiera de estos enfoques es correcto, siempre y cuando refleje tus prioridades y lo juzgues teniendo eso en cuenta. Lo que está claro es que no debo juzgar mi rendimiento basándome en la velocidad que alcanzo cuando mi aspiración es ir lo más seguro posible y todos mis esfuerzos van enfocados a ello. No existe un enfoque que lo abarque todo, que no renuncie a nada.

“Antonio, todo eso está muy bien, pero yo sigo sintiéndome mal al pensar en lo lento que voy…”

¿Te sientes mal al conseguir lo que estabas intentando? Entonces surge una pregunta inevitable:

¿Estoy intentando lo que realmente quiero? ¿Es el enfoque que uso el que me acerca a donde quiero estar?

En consulta, analizamos juntos esta y otras cuestiones cuando observamos que todo está aparentemente bien, pero no se siente como tal.

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